viernes, 9 de diciembre de 2011

DECLARACIÓN DE SANTIAGO DE CHILE DE ALAL: LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA COMO RESPUESTA A LA GLOBALIZACIÓN Y A LA CRISIS DEL SISTEMA CAPITALISTA


ALAL - Asociación Latinoamericana de Abogados Laboralistas - que representa a once países del continente americano, ha celebrado su congreso en Santiago de Chile. Coincidente en el tiempo con la importante cumbre constituyente de la CELAC, ha elaborado un manifiesto de extremo interés del que se da noticia a continuación. Además la Asociación ha renovado su equipo dirigente con Luiz Salvador (Brasil) de Presidente (en la foto), Lucho Ramírez  (Argentina) como Vicepresidente y Lidia Guevara (Cuba) como Secretaria General. A los tres amigos entrañables y luchadores por la emancipàción social, nuestra enhorabuena y un fuerte abrazo solidario desde esta orilla del Atlántico.

El siglo XXI se ha iniciado con una de la las crisis más graves y profundas del sistema capitalista. Tan grave que no son pocos los que sostienen que no se trata de una de las tantas crisis cíclicas por las que ha pasado, sino que estamos en presencia del principio del fin de un modelo civilizatorio.

Es evidente que se trata de una crisis multidimensional del capitalismo, que primero fue financiera, después económica y ahora social y política, y que prueba el fracaso de la globalización neoliberal y de su modelo de desarrollo.

Sin embargo, se da la paradoja que la estrategia para la salida de la crisis del capitalismo es… más capitalismo. Es así que los organismos financieros internacionales, que no sólo fracasaron en prever y prevenir la crisis, sino que son parte de los responsables, ahora reaparecen en escena con las mismas recetas, la misma racionalidad y sin la menor autocrítica.

El salvataje a los bancos con billones de dólares de las arcas públicas desnuda al sistema y le hace perder toda legitimidad política: ¿qué clase de capitalismo es este capitalismo sin riesgos, que descarga sobre la sociedad el costo de sus errores? La impresionante movilización de dinero público, que permitió socorrer a bancos y grandes empresas, mientras se exige "austeridad” a la sociedad, es la prueba cabal de los valores perversos del orden económico y social vigente, que se mantuvo impasible frente a la miseria de más de mil millones de personas, que sufren hambre y desnutrición en el mundo.

Uno tras otro van cayendo los gobiernos que han dejado de ser útiles a las fuerzas y grupos hegemónicos que dominan la economía mundial. En su retirada prestan un último servicio: asumir sutilmente ante la gente su responsabilidad por la crisis, ocultando así a los verdaderos responsables y permitiendo la llegada al poder de tecnócratas al servicio del poder financiero, o de representantes de la derecha política, como acaba de ocurrir en España.

El neoliberalismo se pasea triunfante por Europa y, más temprano que tarde, llegará a nuestras costas con sus conocidas recetas: recorte del gasto social, reducción o eliminación de derechos laborales y provisionales, menos Estado y más privatizaciones, mano de obra dócil y barata, etc., etc. Latinoamérica debe estar preparada para enfrentar a una nueva ofensiva contra los intereses populares en general, y contra los derechos de los trabajadores en particular.

En la década del’90 la crisis económica y las recetas del FMI y del Banco Mundial fueron la vía para despojar a los trabajadores de sus derechos, aumentando la distribución regresiva de los ingresos, la desigualdad social, la pobreza, la marginación, la mendicidad y la delincuencia. Se impuso la precarizacion de las relaciones laborales, el abaratamiento de los despidos y, en general, el abatimiento del nivel de tutela que los trabajadores habían alcanzado.

Es sabido que esas políticas fracasaron estrepitosamente, por lo que resulta paradojal que ahora se pretenda avanzar por el mismo camino. La única explicación es que, aunque el modelo económico y social vigente está agotado, son muchos los que piensan que no existe un modelo alternativo, apoyado en principios y valores totalmente diferentes, que permita elaborar una agenda realista y creíble de iniciativas y políticas.

El colapso del paradigma neoliberal de relaciones económicas y sociales a nivel planetario, nos hace ver que el que debería reemplazarlo aún se encuentra en gestión. Impregna el ambiente social, está latente, pero aún no tiene forma ni nombre. Por eso son tiempos de confusión y perplejidad, hábilmente aprovechados por los intereses vinculados al viejo paradigma para ocultar un mundo que se desmorona. En su fuga hacia adelante, eliminan la intermediación de los políticos y, como hace Goldman Sachs en Europa, colocan a sus mejores cuadros técnicos en la conducción política de los países.

La historia demuestra que cuando se produce una colisión de paradigmas, los intereses asociados al que está en retirada reaccionan para no perder las ventajas y prebendas que disfrutaban. Por eso son épocas violentas y con mucha represión. La criminalización de la protesta social es una de las características de esta coyuntura histórica, tal como lo podemos comprobar en muchos países latinoamericanos. Desde casos extremos como Colombia y Guatemala, países en los que la vida y la libertad de los activistas sociales no valen nada, a formas más sutiles en las que se los persigue con leyes injustas y jueces parciales y muchas veces corruptos.

Pero la historia también nos enseña que la hora más oscura de la noche, es la que precede al amanecer.

Latinoamérica está en una situación muy diferente a la que existía durante la década del ’90, cuando nuestros presidentes competían para ver quien era el mejor discípulo de los gurúes del neoliberalismo. Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina, Perú, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Cuba y Bolivia, con sus contradicciones, marchas y contramarchas y con sus diferentes realidades, hoy llevan adelante procesos políticos que pretenden desarticular las estructuras sociales de dominación y dependencia.

Este escenario político, impensado poco tiempo atrás, nos permite sostener que la crisis del sistema capitalista y la nueva ofensiva contra los derechos económicos, sociales y políticos de nuestros pueblos, deben ser enfrentadas avanzando decididamente en el proceso de integración latinoamericana. Una integración que no se limite a meras cuestiones económicas y aduaneras, sino que sea auténticamente social, política y cultural. Avanzar en la construcción de la Patria Grande con la que soñaron nuestros héroes de la Independencia. La ALAL reitera, una vez más, que no hay región en el mundo en mejores condiciones para cumplir con este imperativo histórico.

No hay destino para nuestros países, ni posibilidades de emancipación para nuestros pueblos, sin una Latinoamérica unida, fraternal y solidaria. Sólo así se podrá enfrentar el nuevo y feroz ataque que el neoliberalismo ha lanzado contra los derechos de los trabajadores. Sólo así se podrán establecer estrategias de resistencia efectiva, a este nuevo proyecto de dominación y explotación. Y sólo así se podrá construir un poder alternativo, que permita abandonar la mera acción defensiva y encarar un autentico proyecto de liberación.

La creación de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC), es un buen paso en la dirección correcta. De nuestros gobiernos depende que no se trasforme en una nueva frustración.

En el proceso de integración latinoamericana, una cuestión central será establecer un mismo nivel de protección laboral para todos los trabajadores y trabajadoras de la región, garantizándoles la libre circulación por el espacio comunitario, con idénticos derechos laborales y de seguridad social. La ALAL viene trabajando desde hace cuatro años en un proyecto de Carta Sociolaboral Latinoamericana, que debe ser debatida por los trabajadores y aprobada por los gobiernos, en la que propone reemplazar el paradigma de relaciones laborales del neoliberalismo, por uno totalmente diferente que coloque al trabajador y su dignidad como eje de todo el sistema.

En el universo todo avanza y evoluciona, por lo que el cambio de paradigma es inexorable. Y quienes no queremos ser simples espectadores, debemos ayudar a la historia a parir este embrión libertario. Y esto es lo que pretendemos hacer en la ALAL, cuando nos proponemos desarrollar un nuevo modelo de relaciones laborales, de cara al siglo XXI, el siglo del reconocimiento definitivo de los derechos humanos.

Lo que intentamos desarrollar es un modelo de relaciones laborales con principios y valores completamente diferentes a los actuales, que reemplace una visión materialista y economicista del mundo del trabajo, por otra profundamente humanista. Un sistema laboral que ponga la dignidad de la persona que trabaja en el centro del escenario. El hombre como eje del ordenamiento jurídico, y el trabajo humano inserto en un marco de valoración que desborda el mero mercado económico. Pasar del trabajo-mercancía, sujeto a las leyes del mercado, al trabajo digno.

Porque en el contrato de trabajo la prestación prometida por el trabajador es actividad humana, y ésta es inseparable de la persona que la realiza. Lo que se hace y el que lo hace son indivisibles. En la relación laboral el trabajador se compromete física, mental y emocionalmente, razón por la cual es un absurdo predicar la dignidad de la persona humana, pero tratar como una cosa, o como un objeto del mercado de trabajo, lo que ella hace.

Un derecho fundamental en el nuevo sistema de relaciones laborales, es el derecho altrabajo. Porque en el sistema capitalista, los que no tienen capital sólo tienen tres caminos para subsistir: el trabajo asalariado, la caridad (pública o privada) o el delito. Así de simple.

Por lo tanto, es válido suponer que en el Contrato Social que pretende legitimar el actual orden social y económico, el derecho al trabajo debería ser uno de sus pilares. En caso contrario, no se entendería que un importante sector de la clase trabajadora haya abandonado su primigenia intención de combatir el sistema capitalista y reemplazarlo por otro.

Y siguiendo con esta línea de razonamientos, podemos afirmar que un derecho de semejante importancia debió ser reconocido con garantías de continuidad y seguridad. En otras palabras, de estabilidad. Porque para que el movimiento sindical acepte que la satisfacción de las necesidades del trabajador sólo se alcanza a través del trabajo asalariado, es lógico suponer que debió demandar mecanismos de seguridad para garantizar el derecho al trabajo. La incorporación de este derecho en algunos textos constitucionales sólo puede interpretarse como una justa respuesta a esa demanda.

Si a todo esto le sumamos que la estabilidad laboral es, de hecho, una condición para el ejercicio de los demás derecho laborales, ya que quien tiene una inserción precaria en la empresa tiene escasas posibilidades de defenderlos, entonces arribaremos a la conclusión que aquel Contrato Social debió garantizar a los trabajadores, no sólo derecho a un empleo, sino derecho a un empleo estable.

A partir de esta nueva visión del mundo laboral, resulta imprescindible resignificar algunos conceptos. Así, por ejemplo, la empresa no puede seguir siendo una estructura autocrática en la que uno manda y los demás obedecen. Por el contrario, las relaciones laborales deben ser democráticas y participativas. La imagen del individuo que trabaja en relación de dependencia, como un sujeto sumiso, pasivo y desprovisto de voluntad, está a contramano de un sistema que coloca su dignidad como centro y eje.

Los derechos que le son inherentes a su condición de persona y de ciudadano, no los abandona en la puerta de la fábrica. En el trabajo dependiente hay una implicación personal del trabajador, razón por la cual conserva todos los derechos que el ordenamiento jurídico, nacional e internacional, le reconocen a toda persona humana. Son derechos fundamentales del hombre, que le corresponden por el sólo hecho de serlo, y que lejos de perderse o atenuarse cuando ejerce su rol de trabajador, se potencian por vía de los tratados internacionales y los Convenios de la OIT.

No hay relaciones laborales democráticas y participativas, sin el reconocimiento del derecho de los trabajadores a la información y a la consulta previa, respecto a todos los temas que hacen a la vida de la empresa. No hay que olvidar que en el sistema capitalista, como ya se dijo, el empleo y la remuneración se vinculan con la subsistencia del trabajador y su familia, y con su proyecto de vida. Por lo tanto, su compromiso personal con la suerte de la empresa es absoluto. De ello se deriva, como lógica contrapartida, su derecho a participar en todas las decisiones patronales que puedan afectarlo.

En el contrato laboral la persona busca, fundamentalmente, una remuneración justa. Busca el ingreso económico que le permita atender sus necesidades y las de la familia. Por lo tanto, el derecho a percibir en tiempo y forma el salario también es un derecho vinculado con la supervivencia de la persona, que es lo mismo que decir que se relaciona con el derecho a la vida, que es el primer derecho humano. Por ello la Carta pretende dotar a este derecho de todas las garantías posibles, estableciendo la obligación solidaria de todos los que en la cadena productiva se aprovechan o benefician con el trabajo ajeno, de abonar ese salario. Y cuando esto falle, se propone la existencia de fondos de garantía gestionados por el Estado.

En el nuevo paradigma de relaciones laborales, la vida y la salud del trabajador son valores centrales a proteger, porque son su único patrimonio. Su tutela no puede considerarse un costo, ni quedar condicionada al éxito de la empresa, como hoy ocurre. Los sistemas de prevención de los riesgos laborales no pueden estar a cargo de operadores privados, que actúen con fin de lucro, ya que se plantea una contradicción de intereses entre ellos y las víctimas, que es insalvable.

La propia O.I.T. ha reconocido que la inmensa mayoría de los accidentes y enfermedades laborales son evitables. Por ello llamarlos "accidentes” es una concesión del lenguaje, nada neutral por cierto. También ha dicho ese organismo internacional que los siniestros laborales producen más muertos y mutilados que las guerras, el sida, el cáncer, o los accidentes de tránsito. Ocultado por los medios masivos de comunicación, el sistema laboral vigente, al servicio del lucro, la rentabilidad, la productividad y la mejora de la tasa de ganancia, está causando un auténtico genocidio. Los trabajadores están pagando un "impuesto de sangre”para poder ganarse su sustento y el de sus familias. Esto debe ser denunciado enfáticamente y tiene que terminar. Los sindicatos y los gobiernos deben adoptar urgentemente medidas para que se eliminen o neutralicen los riesgos del trabajo. En nuestro modelo de relaciones laborales cada trabajador debe tener el derecho a ser informado sobre los riesgos para su vida o su salud, presentes en su puesto de trabajo. Y los empleadores que no cumplan con las medidas de higiene y seguridad laboral deberán ser duramente sancionados, tipificándose como delitos la violación de sus obligaciones en materia de prevención.

La Carta Sociolaboral Latinoamericana, que debe ser debatida por los trabajadores, intenta ser un aporte de los abogados laboralistas en el proceso de emancipación de la clase trabajadora. Apunta, en primer lugar, a producir un cambio cultural que rompa con la idea de que la estructura social vigente está el orden natural de las cosas y, por lo tanto, es inmodificable. Décadas de bombardeo con slogans, que por repetidos terminan pareciendo verdaderos, han logrado influir en el sentido común de nuestros pueblos. La Carta pretende demostrar que, desde principios y valores diferentes, otro mundo, más justo, fraternal y solidario, es posible. Posible y necesario.

Santiago de Chile, noviembre de 2011.

Luiz Salvador, Presidente, Luis Ramírez (Lucho), Vice-Presidente, Lídia Guevara, Secretária General.




jueves, 8 de diciembre de 2011

Por un nuevo contrato social europeo


Se incorpora a este blog, por su indudable importancia, el artículo firmado por destacados dirigentes del sindicalismo español, alemán, italiano, francés y belga en el que critican las soluciones adoptadas hasta ahora en la Unión Europea para salir de la crisis y articulan su propia propuesta.

La Unión Europea está atravesando la más profunda crisis de su historia. Es financiera y económica, con graves consecuencias sociales. Pero es, también, una crisis política de la propia UE. La situación, de auténtica emergencia, se caracteriza por la aparición de problemas muy serios de financiación en varios Estados, que pueden producir una reacción en cadena y la recaída en una nueva recesión generalizada. Hace dos años hubiera sido impensable que tantas voces, algunas cualificadas, juzgaran que la ruptura del euro es una posibilidad. Hay que ser conscientes que dicha ruptura llevaría a la completa desnaturalización, si no a la destrucción, del propio proyecto europeo, sin duda una de las construcciones políticas más importantes del Siglo XX.

¿Cómo es posible haber llegado a esta situación? La responsabilidad de los políticos que dirigen las instituciones europeas y las principales naciones es muy grande. Tras dos años de reacciones tardías, contradicciones constantes y políticas erróneas, el problema original —la crisis financiera de Grecia, cuyo PIB es el 2% de la UE— sigue sin resolverse. La crisis de la deuda se ha contagiado a numerosos países: Irlanda y Portugal han sido intervenidos y/o rescatados, y hoy el ataque de los especuladores se cierne sobre Italia y España, que no pueden ser "rescatadas" y cuya situación sería difícilmente enmendable a través de créditos de ayuda, dado el tamaño de sus economías, y comienza a afectar a Bélgica o Francia entre otras naciones.

El giro político radical del Consejo Europeo, el 9 de mayo de 2010, se justificó para recobrar la confianza de los mercados financieros y permitir que sus agentes financiaran a los Estados europeos a tasas de interés razonables. Desde esa fecha, el Consejo, la Comisión y el BCE han promovido, o han impuesto, políticas de austeridad, basadas en el recorte del gasto público, y las llamadas "reformas estructurales" que han sido consagradas en el Plan de gobernanza económica y el Pacto por el euro plus. La próxima Cumbre del Consejo Europeo, del 9 de diciembre, iniciará el debate sobre una reforma del Tratado de Lisboa, para hacer de estas políticas el núcleo de un modo de gobierno económico reforzado de la Zona Euro.

Pero estas políticas han fracasado. En el terreno económico, la crisis de las deudas soberanas está más extendida y es mucho más aguda que antes, el crecimiento ha caído bruscamente en casi todos los Estados, y el desempleo ha aumentado allá donde los recortes presupuestarios han sido más fuertes. Las consecuencias sociales de la disminución de los salarios y las pensiones y de los recortes en los gastos de protección social, educación y salud son evidentes: más pobreza y desigualdad, aumento de la precariedad, y una fuerte erosión de la cohesión social. Al tiempo, se está debilitando la solidaridad entre las naciones, cemento imprescindible de todo proyecto europeo. Sectores cada vez más amplios de la ciudadanía lo rechazan o desconfían de él. Los viejos tópicos y clichés negativos que oponen a las naciones y a sus habitantes entre sí vuelven a reaparecer.

Se está promoviendo, desde las instituciones europeas, una erosión profunda del modelo social cuyos valores y principios son seña de identidad y elemento de vertebración de la UE. Nunca antes había sucedido esto. Los políticos que hoy gobiernan Europa tal vez no sean conscientes de un hecho muy grave: se está quebrando, por las instituciones europeas y en muchas naciones, el pacto social que, después de la Segunda Guerra Mundial, permitió construir los Estados de bienestar europeos y el proyecto común que ha desembocado en la Unión Europea.

La propuesta sindical

El sindicalismo europeo, agrupado en la Confederación Europea de Sindicatos (CES), ha rechazado con firmeza estas políticas y se ha movilizado contra ellas, en el ámbito europeo y en el de numerosos Estados. Por el momento no ha sido escuchado, a pesar de que los hechos están dando la razón a sus análisis y propuestas. Pese al profundo desencanto europeo de muchos trabajadores, seguimos diciendo que no hay otra solución que la profundización del proyecto europeo, pero con políticas muy distintas a las fracasadas e injustas que los actuales responsables políticos europeos nos están imponiendo. No es tiempo de Gobiernos de tecnócratas, sino de dar más terreno a la democracia social y política y a la participación ciudadana.

¿Qué proponemos para salir de esta crisis económica y política de la UE?

En primer lugar, acabar con los mecanismos de la especulación y asegurar la capacidad financiera de todos los Estados miembros, resolviendo de una vez la crisis de la financiación de los Estados .¡Cómo es posible que Estados Unidos, con los principales indicadores peores que los del conjunto de la UE, y Japón, con una deuda pública del 225% de su PIB, pueda emitir sus bonos a 10 años a intereses inferiores al 2% y algunas naciones de la Zona Euro deban pagarlos al 7%! La respuesta es sencilla: porque no se actúa como una verdadera Unión. El solo anuncio creíble de una garantía absoluta de las deudas de los Estados pararía la especulación en los mercados. Los instrumentos de esa garantía son la emisión de eurobonos y la conversión del BCE en garante de último recurso.

La estabilidad de las finanzas públicas también preocupa, y mucho, al sindicalismo europeo. Pero los objetivos de reducción de los déficit y las deudas no se pueden alcanzar hundiendo las economías. El reto, posible, es alcanzarlos en plazos realistas al tiempo que se toman medidas, europeas y nacionales, para promover el crecimiento económico y la creación de empleo. Resulta asombroso que ante el alto riesgo de recaer en la recesión, los responsables políticos europeos sigan sin decir nada sobre crecimiento y empleo y los obvien en sus propuestas sobre reforzamiento de la gobernanza económica. La recuperación no va a venir de unas reformas estructurales cuyo núcleo duro son los recortes sociales, una concepción de la competitividad basada en la deflación de los costes laborales y el debilitamiento de la capacidad de negociación colectiva y la fuerza contractual de los sindicatos.

Basándonos en lo aprobado en el último Congreso de la Confederación Europea de Sindicatos (Atenas, mayo de 2011) pensamos que hoy, más que nunca, es necesaria una nueva política monetaria, económica y social, aplicada por un gobierno económico en el marco de una gobernanza económica fuerte de la Zona Euro, coordinada con la que se aplique junto con el reforzamiento de la gobernanza económica en la UE27, pero con contenidos muy diferentes de los que nos proponen los gobiernos. La política fiscal, empezando por los impuestos de sociedades y sobre las rentas del capital, debe ser común, en muchos aspectos, en la Zona Euro y estar armonizada en el conjunto de la UE. Necesitamos un tratamiento coherente de las dimensiones económicas, medioambientales y sociales del crecimiento. Junto con la industria, la energía y el medio ambiente, el gobierno de la economía europea debe dar prioridad a las políticas que promueven más empleo y de mejor calidad. Esto no es posible con un exiguo presupuesto inferior al que apenas representa el 1% del PIB. Es necesaria una institución financiera europea emisora de deuda y no sólo un Banco Central con la única función de controlar la inflación.

El Consejo Europeo, el 9 de diciembre, debería resolver lo inaplazable sobre deuda y crecimiento y establecer orientaciones claras en la perspectiva que proponemos. El movimiento sindical europeo no está defendiendo una posición de parte: creemos que al hablar así estamos defendiendo los intereses generales y contribuyendo a buscar soluciones a la gravísima crisis política de la UE. Los políticos europeos deberían ser conscientes de que no pueden marginar por más tiempo las opiniones y propuestas constructivas de quienes representamos el principal factor para la creación de la riqueza: el trabajo.

Es necesario establecer un nuevo contrato social y económico con la activa participación de los interlocutores sociales. Un nuevo contrato social europeo que sustituya al histórico, cuyos grandes capítulos deberían ser, entre otros: el empleo, los salarios —respetando la autonomía de los interlocutores sociales en la negociación colectiva—, las pensiones, la protección por desempleo, la educación y la salud.

El pacto fiscal, las políticas redistributivas de la riqueza y el derecho laboral y la negociación colectiva han sido los cimientos del más prolongado periodo de prosperidad y democracia en Europa. Fueron como el cemento que fraguó unas relaciones de trabajo modernas con una gran implicación de los trabajadores a través de sus organizaciones, en la vida de las empresas. Solo apoyándonos en estos valores y principios democráticos, que han definido el modelo social europeo, podremos salir antes y de manera más justa de la crisis, y garantizar la supervivencia, hoy gravemente amenazada, de la propia Unión Europea.

Exigimos que una futura revisión de los Tratados se haga integrando una dimensión social de igual valor, y que se establezca una convención que prepare dicha modificación. Necesitamos una cláusula general de progreso social que promueva un “paquete plan de rescate social”, y vuelva a colocar a Europa en la vía del progreso social. Los derechos sociales fundamentales, en particular el que concierne a la negociación colectiva, deben ser respetados y fomentados en todas las medidas anticrisis.

Frente a quienes quieren reformar los Tratados solo para reforzar el Pacto de Estabilidad, pensamos que la modificación de los Tratados, incluso limitada, no puede tener como únicos objetivos ejercer una presión constante sobre los presupuestos nacionales y el reforzamiento de la austeridad.

El progreso de la Unión Europea tiene que basarse en la cohesión social y la solidaridad en el interior de sus Estados y en la solidaridad y la cohesión política entre ellos. Para lograrlo, en estos momentos tan difíciles, hay que actuar en el ámbito común europeo y, también, reforzar el diálogo social, Por eso, realizamos estas propuestas, exigiendo que no se margine a los trabajadores en las soluciones y manifestando la voluntad de movilizarnos en el ámbito europeo para conseguirlo.

Firman este artículo: Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CC OO; Cándido Méndez, secretario general de la UGT; Michael Sommer, presidente de la DGB (Alemania); Susanna Camusso, secretaria general de la CGIL (Italia); Bernard Thibault, secretario general de la CGT (Francia); François Cherèque, secretario general de la CFDT (Francia); Anne Demelenne, secretaria general de la FGTB (Bélgica), y Claude Rolin, secretario general de la CSC (Bélgica).




domingo, 27 de noviembre de 2011

SEGÚN ANTONIO BAYLOS...: PALABRAS DE UMBERTO ROMAGNOLI EN UN HOMENAJE EN BOGOTÀ, 23 DE NOVIEMBRE 2011#links








Del 23 al 25 de noviembre en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Bogotá D.C. Colombia se llevó a cabo las jornadas en homenaje a los profesores Romagnoli y González Charry, y la presentación de un libro homenaje a ambos coordinado por Susana Corradetti, abogada argentina que forma parte del Grupo de Ex Becarios de Bolonia, Castilla La Mancha y Turín (BCLMT). El maestro no pudo asistir, pero entregó estas palabras que a continuación se insertan en este post, del blog amigo "Según Baylos",oportunamente traducidas por la Escuela de Traductores de Parapanda.

He aquí el enlace:

miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL SINDICALISMO INTERNACIONAL APOYA EL MOVIMIENTO "OCUPAD WALL STREET"



El movimiento sindical internacional - la CSI - ha sumado su apoyo al movimiento Ocupa Wall Street (OWS), por el día de acción previsto para el 17 de noviembre en EE.UU. y varios otros países.



En un mensaje de video de solidaridad y apoyo, la Secretaria General de la CSI, Sharan Burrow, honró a las personas implicadas por su valentía y las felicitó por la expansión internacional del movimiento Ocupa.



“Desde Nueva York hasta Londres y de Toronto a Frankfurt, en cientos de ciudades y en decenas de países, el movimiento ha crecido y sigue desarrollando fuerza.



“Aunque quiten las tiendas y desplacen a la gente, nadie puede detener lo que ya ha comenzado”, dijo Burrow.



“Los grandes bancos han terminado con la economía real, y varias de la mayores empresas están demasiado dispuestas a beneficiarse de la crisis económica. Como T-Mobile USA, cuyos empleados viven con el miedo a la intimidación por parte de la empresa simplemente por querer tener una representación sindical. El movimiento Ocupa en todo el mundo es una demostración pública de apoyo a la dignidad del trabajo y la necesidad de promover la justicia social. Apoyamos al movimiento para defender el derecho a la asamblea pacífica sin injerencia, y en contra de la masiva y creciente desigualdad creada por Wall Street y sus aliados financieros mundiales. Es un orgullo para nosotros unir nuestras voces para hablar contra la desigualdad generalizada, aunque la verdad incomode al 1%”, agregó.



La CSI se ha comprometido a apoyar a las personas del movimiento Ocupa al tiempo que celebran su aniversario de dos meses.



“Apoyamos y defendemos el derecho a exigir cambios. Los trabajadores y las trabajadoras son los que sacarán al mundo de la crisis económica, no los banqueros. No debemos creer que el sistema financiero puede seguir siendo un poder invisible por sí mismo. Reconstruiremos la economía para el 99%.

Los sindicatos de todo el planeta apoyan y se unen a estos esfuerzos y se sienten inspirados por los ejemplos cotidianos del 99% que se mantiene unido. Nosotros somos el 99”, dijo Burrow.

el video se puede directamente ver arriba y en http://www.youtube.com/watch?v=Y5IGjtPQpFo

viernes, 18 de noviembre de 2011

CRISIS GLOBAL Y DERECHO DEL TRABAJO (PORTO ALEGRE, 8 NOVIEMBRE 2011)



La abogada laboralista y buena amiga  Raquel Paese (en la foto con el titular del blog), envía este suelto que resume la charla del miércoles pasado en la Escuela Judicial de Porto Alegre, que se transcribe aqui tal como aparece en el Diario del Comercio (Jornal do Comércio) de Porto Alegre (RS).

Jurista espanhol debate a influência da crise mundial no trabalho

Flávia Drago, especial para o Jornal do Comercio (Porto Alegre) 14 de noviembre 2011.



“As crises são oportunidades de mudança” foi a conclusão de Antonio Baylos Grau, na palestra A Crise Global e as Relações de Trabalho - O Protagonismo dos Atores Políticos e dos Sujeitos Sociais.

O evento ocorreu na Escola Judicial do Tribunal Regional doTrabalho do Rio Grande do Sul (TRT-RS) na semana passada. Baylos Grau é doutor em Direito pela Universidad Complutense de Madrid, professor catedrático de Direito do Trabalho e Seguridade Social da Universidad de Castilla La Mancha e diretor do Centro Europeu e Latino-americano para o Diálogo Social.

Durante 50 minutos, o jurista dissertou sobre a origem da crise até chegar às consequências no sindicalismo, na nova esfera de trabalhadores e nos chamados “indignados” (manifestantes), que querem um grupo que os represente de forma firme e que garanta suas condições de trabalho. Segundo o espanhol, “a crise não se visualiza da mesma forma na América Latina e na Europa” e, por isso, deu foco maior à Espanha durante a conversa. Ele disse que antes mesmo de a crise se instalar na Europa já se observavam sinais de mudanças. “Não é um fato conhecido por muitos, mas a tentativa de mudar o modelo social europeu já estava aparente”, afirma.Conforme explicou o especialista de dois elementos: estado social e poder coletivo. “O poder coletivo seria o poder sindical forte e capaz de elaborar condições para o trabalho, forte para negociar. O sindicato tanto tem força para reivindicar, negociar politicamente as condições de trabalho materialmente”. Além disso, o movimento mantém relações profundas com suas funções e “atua como todo o sindicalismo: "pressionando”. No entanto, o sindicalismo, segundo o jurista,não era discutido no chamado Livro Verde, criado em 2006 como um documento para alavancar a modernização do direito do trabalho europeu. O material falava basicamente de dois elementos: flexibilização interna e liberalização.Ansiava também pela ampliação da cobertura social e pela livre prestação de serviços.O que se viu, a partir de 2008, foi o corte dos investimentos nas áreas sociais, visto que o dinheiro público era direcionado no mercado financeiro, em especial ao setor imobiliário, como uma medida imediata. Reformas estruturais também entraram em vista, segundo o espanhol: reduzir a prestação de auxílios de longa duração (o que envolve aposentadoria), corte de salários dos funcionários públicos e servidores,privatização de serviços públicos (aeroportos, loteria etc.).

De acordo com Baylos, havia a autoridade indiscutível do poder privado. “A flexibilização do direito dos trabalhadores, portanto, é reflexo de um fortalecimento frente a esse poder”. Além disso, ele defende a busca pelo desenvolvimento conciliando aspectos econômicos com sociais. Baylos destaca que, ao menos
na Espanha não houve desregulamentação do direto do trabalho, pelo contrario houve ampliaçao contratual. “A perda do emprego é considerada a perda da inserção social. Significa muito, é como uma perda de dignidade”, reflete. Mas o empresariado não sabe o que fazer. Pensa que pode tirar tudo sem dar nada em troca. Na verdade ele pode, sim, garantir alguma coisa ao trabalhador.”

Esse momento, de acordo com o jurista, é o de reivindicação,transformação social e trabalhista. O grupo de manifestantes autodenominado “os indignados” diz que a situação econômica favorece o Estado e não a sociedade,que acaba perdendo o auxílio econômico estatal. Por isso, exigem maior pressão por parte dos sindicatos e uma representação ainda maior frente à crise.

O jurista ainda considera que quando as reformas sociais se prolongam, é necessaria una ação política. “Não se pode demorar mais para agir. Há necessidade urgente de ações democráticas e de uma  reconstrução de âmbito continental. Não é possível achar que se pode governar roubando os outros para benefício próprio.”Notavelmente a crise está reformando o pensamento público quanto ao sindicalismo e
exigindo um significado maior da palavra solidariedade, que é essencial ao movimento. As crises pelas quais passou o capitalismo sempre produziram mudanças muito importantes nas estruturas políticas e sociais. Baylos acredita que a capacidade de adaptação do sistema é natural e está previsto passar por essas etapas. O momento financeiro é considerado uma tragédia, mas também significa uma troca demodelos. Essas trocas dependem, necessariamente, de alguns fatores, segundo o advogado: a ação do poder público, a capacidade de representação das organizações sindicais e as novas formas de organização de trabalhadores dentro das empresas. A presença e atuação das estruturas que representam o assalariado se mostram cada vez mais importantes, visto que a escassez de emprego em escala global modifica o sistema econômico e o modo típico do trabalho. A crise dá oportunidade à mudança na importância destes movimentos e abre os olhos dos trabalhadores, mas também necessita, segundo o espanhol, de um trabalho longo de luta tão ou mais importante quanto os sindicatos estavam acostumados a enfrentar até então.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

UNA NUEVA PÁGINA WEB DE IL MANIFESTO


   




Il Manifesto, diario comunista aún en pié en Italia, que pese a todas las dificultades se mantiene vivo y activo para la reflexión crítica desde la izquierda, ha cambiado el diseño y los contenidos en una nueva página web que merece la pena ser visitada.

En la nueva web se encuentra ahora un amplio número de reportajes con cobertura fotográfica y audiovisual, además de muchos artículos de fondo que eran difíciles de encontrar en la versión web primitiva, en relación con la versión impresa. Algunos son muy espectaculares. Por ejemplo, la caída de Berlusconi, largamente impetrada desde la izquierda alternativa, ha provocado a Il Manifesto una iniciativa muy llamativa, la de recoger todas las portadas del diario dedicadas a Berlusconi desde 1993 hasta nuestros días.

La dirección del sitio web es http://www.ilmanifesto.it/. Merece la pena frecuentarla.

sábado, 5 de noviembre de 2011

CONFERENCIA EN PORTO ALEGRE SOBRE CRISIS ECONÓMICA Y ACTORES GLOBALES


En Porto Alegre, convocada por la Escuela Judicial, la Asociación de Magistrados de Trabajo (AMATRA) IV y AGETRA, con el apoyo de la CUT de Rio Grande do Sul, se ha convocado a una conferencia sobre las repercusiones de la crisis global en las relaciones de trabajo y el protagonismo que en ella deben tener los actores políticos progresistas y los sujetos sociales. Previamente a la conferencia se celebrará una comida de hermandad en la sede de AMATRA en la que los antiguos alumnos del Curso de Doctorado ANAMATRA -UCLM, junto con otros jueces y magistrados, departirán amigablemente con el profesor Baylos.